Participación, corresponsabilidad y transparencia: así camina la Iglesia en el tercer milenio.
220.000 personas, 3 años de trabajo, un borrador con más de 1.100 enmiendas y un Documento Final con 155 puntos aprobados por 355 sinodales. Sólo en cifras, el Sínodo de la Sinodalidad 2021-2024 es uno de los eventos eclesiásticos que pasarán a la historia. Y, más allá de los números, este Sínodo también es histórico por su espíritu y sus conclusiones.
Participación, corresponsabilidad y transparencia han sido los pilares tanto del proceso en sí como de las conclusiones de la propia XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se desarrollaba bajo el título Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión.
Participación en cuanto al método elegido por el papa Francisco: por primera vez participaban mujeres y laicos, tras añadir al Sínodo 70 miembros no obispos en representación de sacerdotes, personas consagradas, diáconos y fieles laicos, procedentes de iglesias locales. Y precisamente el apoyo en la base, en lo local, ha sido clave en este intenso proceso, ya que el propio Sínodo se inició en las iglesias locales.
Este espíritu participativo de la Iglesia del tercer milenio se refleja de forma clara en el Documento final: «Fomentar la participación más amplia posible de todo el Pueblo de Dios en los procesos de toma de decisiones es la manera más eficaz de promover una Iglesia sinodal», lo que significa «ofrecer más oportunidades de participación» y explorar «otras formas de servicio y ministerio en respuesta a las necesidades pastorales de nuestro tiempo, en un espíritu de colaboración y corresponsabilidad eclesial y sinodal».
La corresponsabilidad requiere una formación «integral, continua y compartida» y va de la mano de la transparencia. En un momento histórico marcado por la disrupción y el despertar de conciencias, la Iglesia del tercer milenio apuesta por la sensibilidad y el compromiso en los casos de abusos y no sólo sexuales, sino también «espirituales, económicos, institucionales, de poder y de conciencia».
La unidad en la diversidad también ha sido objeto de debate y discusión. Finalmente, en las conclusiones se recoge que «la valoración de los contextos, culturas y diversidades, y de las relaciones entre ellos, es clave para crecer como Iglesia sinodal misionera y caminar, bajo el impulso del Espíritu Santo, hacia la unidad visible de los cristianos».
El documento final invita a cada cristiano a «echar las redes» y desarrollar la misión que cada uno, como discípulo, ha venido a cumplir.
En el aire quedan otros temas más controvertidos como, por ejemplo, el acceso de las mujeres al ministerio diaconal, el celibato opcional o la pastoral LGTBI, que se están trabajando en las comisiones creadas por el papa Francisco ex profeso.
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https://www.synod.va/content/dam/synod/news/2024-10-26_final-document/ESP—Documento-fi nale.pdf